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Cuando el terremoto revela una desigualdad histórica

El epicentro del terremoto de magnitud 7,4 se situó en San José del Palmar, en el Chocó, uno de los departamentos históricamente invisibilizados de Colombia. El testimonio de Manuela Ramírez Ossa, que coordina una red de apoyo con las comunidades del territorio.

Por Anna Tufano18 de agosto de 2026
Cuando el terremoto revela una desigualdad histórica

Todos sabemos lo que está pasando en Colombia en este momento. Un terremoto de magnitud 7,4 ha golpeado el país y ha dejado a miles de personas afectadas, desplazadas y sin hogar. El número de víctimas continúa aumentando y los balances siguen actualizándose.

A nosotros nos llegan fotografías y vídeos que documentan lo que ocurre en las ciudades más conocidas: Pereira, Manizales y Cali, además del departamento de Santander.

Pero, en este panorama, nos estamos olvidando de poner el foco sobre uno de los departamentos que desde siempre ha sido invisibilizado: el departamento del Chocó.

La paradoja es que el epicentro se situó precisamente allí, en el municipio de San José del Palmar, que apenas ha sido mencionado en las noticias.

La pregunta que surge es evidente: ¿por qué el departamento del Chocó y, en específico, el municipio de San José del Palmar (epicentro de un terremoto de magnitud 7,4) han quedado relegados al olvido?

Para intentar responder a esta pregunta, entrevistamos a Manuela Ramírez Ossa. Ella es de Medellín y su esposo es del Chocó. Juntos están construyendo una red de apoyo y solidaridad para las personas afectadas en el departamento.

Encontré a Manu en Instagram, en un intento personal por comprender qué estaba ocurriendo allí. Después de hablar un poco sobre cómo se encontraba, pude escuchar su testimonio y hacerle algunas preguntas para intentar responder a la pregunta original: ¿por qué todos se olvidaron del Chocó?

Esto es lo que surgió de nuestra conversación.

Un epicentro casi invisible

Para Manuela, el problema comienza por la manera en que se ha contado el terremoto. Ella nació y vive en Medellín, pero su esposo es chocoano y ambos mantienen vínculos familiares y comunitarios con el departamento.

Aunque el epicentro se situó en San José del Palmar, este municipio apenas ha aparecido en la cobertura mediática. La atención se ha concentrado principalmente en ciudades más conocidas como Pereira, Cali y Medellín, además de Quibdó, la capital del Chocó y uno de los principales puntos de entrada al departamento.

Chocó fue el epicentro y fue en un municipio que se llama San José del Palmar, pero eso no ha sido nombrado casi en las noticias.
Manuela Ramírez Ossa

La falta de visibilidad no afecta únicamente a San José del Palmar. También existe poca información sobre municipios como Sipí, Nóvita, San Juan del Litoral, Alto Baudó, Medio Baudó e Istmina. En muchos casos, la información disponible no procede de los medios de comunicación ni de las instituciones, sino de las propias comunidades.

Una ayuda que no llega igual

Manuela explica que la Gobernación del Chocó está intentando responder a la emergencia, pero que sus capacidades son insuficientes frente a la magnitud de la situación. Según su testimonio, numerosos municipios se han visto afectados y las instituciones no cuentan con los recursos necesarios para atenderlos al mismo tiempo.

El caso de Sipí refleja esta dificultad. El municipio tiene acceso principalmente fluvial y, tras el terremoto, se encontraba sin energía, agua potable, internet ni comunicación telefónica. En estas condiciones, esperar varios días hasta que la ayuda llegue desde la capital puede tener consecuencias graves para las familias afectadas.

¿Qué toca? Que la población civil se arme y se ayude, porque no se pueden quedar esperando dos, tres o cuatro días a que pueda llegar la ayuda.
Manuela Ramírez Ossa
Manuela Ramírez Ossa

La Gobernación está articulada con la Cruz Roja y con organizaciones internacionales. Sin embargo, muchas ayudas llegan primero a Quibdó y desde allí deben ser distribuidas hacia los demás municipios. Este proceso puede ser lento debido a las distancias, la falta de carreteras y las condiciones de acceso.

Por eso, Manuela y su familia decidieron organizar una red de apoyo directamente con personas que viven en el territorio. Las donaciones recibidas desde Colombia y desde otros países se envían a familiares y personas de confianza que conocen las necesidades de cada comunidad.

En Istmina, por ejemplo, su cuñada estaba organizando mercados para doce familias. En Puerto Meluk, las ayudas debían comprarse en Istmina y trasladarse posteriormente hasta el municipio, antes de ser entregadas a las personas afectadas.

Manuela Ramírez Ossa
Manuela Ramírez Ossa

Puerto Meluk es la cabecera municipal de Medio Baudó, un municipio situado en la cuenca media del río Baudó, en el departamento del Chocó. En este territorio, el transporte fluvial cumple un papel fundamental para la comunicación y el acceso a los servicios.

La decisión de trabajar directamente con las comunidades también responde a la desconfianza hacia la gestión institucional de los recursos. Manuela denuncia que la corrupción ha sido históricamente un problema en el departamento y que parte del dinero destinado a la población no siempre llega a quienes lo necesitan.

Queremos que quienes conocen el territorio, lo habitan y saben qué está pasando puedan entregar las ayudas a las personas que realmente las necesitan.

Para garantizar cierta transparencia, la red está reuniendo fotografías, facturas y registros de las compras realizadas. La información se difunde principalmente a través de Instagram, WhatsApp y redes personales.

Una emergencia sobre desigualdades antiguas

El terremoto no creó las desigualdades del Chocó. Lo que hizo fue exponerlas con mayor claridad.

Manuela describe el departamento como un territorio marcado por una “deuda histórica gigantesca”. En su opinión, el Chocó suele ser considerado principalmente como un espacio de explotación de recursos naturales, especialmente madera y minerales, pero no como un territorio que necesita inversión pública sostenida.

Entre las principales dificultades menciona la falta de agua potable, la precariedad de la red eléctrica, las malas condiciones de las carreteras, la falta de vías de acceso y la escasez de personal preparado para responder ante emergencias.

La diferencia con otras ciudades del país resulta evidente. Mientras en Medellín un corte de electricidad provocado por un temblor puede durar aproximadamente veinte minutos, en algunas zonas del Chocó todo el departamento puede quedar sin energía durante un día entero porque no hay suficientes trabajadores o recursos para reparar los postes y transformadores dañados.

El acceso al territorio también constituye una barrera cotidiana. El Chocó cuenta con vías terrestres, fluviales y aéreas, pero todas presentan dificultades.

El aeropuerto El Caraño de Quibdó suspendió temporalmente sus operaciones después del terremoto, mientras se evaluaban los daños y las condiciones de seguridad. Posteriormente, la Aeronáutica Civil informó que el aeropuerto había retomado sus operaciones comerciales regulares.

Sin embargo, la reapertura del aeropuerto no significa que todo el departamento haya recuperado un acceso normal. En San José del Palmar, las autoridades reportaron bloqueos y deslizamientos en la vía terrestre de entrada y salida del municipio.

Según Manuela, también se produjeron daños en la vía entre Condoto e Istmina, mientras que las rutas que conectan el Chocó con Medellín y Pereira presentaban derrumbes y condiciones peligrosas. El estado de estos corredores debe seguir verificándose con las autoridades de transporte.

La emergencia, por tanto, no se desarrolla en un territorio con infraestructuras sólidas que puedan ser rápidamente reparadas. Afecta a comunidades que ya vivían con importantes limitaciones para desplazarse, comunicarse y acceder a servicios básicos.

Cuando la educación virtual no es una opción

Una de las consecuencias más preocupantes afecta a la educación. Algunas comunidades perdieron escuelas o espacios que eran los únicos lugares disponibles para que los niños pudieran estudiar.

Manuela menciona el caso de una comunidad indígena cercana a Istmina que perdió el único espacio donde los niños recibían clases. En un territorio donde ya es difícil garantizar la presencia de docentes, la destrucción de una escuela puede dejar a toda una comunidad sin alternativas.

Por eso, la propuesta de trasladar las clases a un formato virtual genera dudas. ¿Cómo pueden conectarse los niños si no tienen internet estable, electricidad o incluso cobertura telefónica?

Durante la entrevista, Manuela recuerda que algunos alcaldes del Chocó no pudieron completar entrevistas televisivas porque la conexión se interrumpía constantemente. También menciona el caso del alcalde de Istmina, cuya comunicación se cortó varias veces mientras intentaba explicar la situación del municipio.

Si estamos hablando de que la alcaldía no tiene internet, ¿me vas a decir que un niño que vive en una vereda va a tener conexión para seguir sus clases?

La educación virtual puede parecer una solución rápida desde las grandes ciudades, donde existen dispositivos, electricidad y conexión a internet. Sin embargo, trasladar esa medida a todo el país sin tener en cuenta las diferencias territoriales puede profundizar las desigualdades existentes.

La decisión demuestra, según Manuela, que algunas políticas se toman desde el centro del país y desde una posición de privilegio, sin considerar la diversidad geográfica y social de Colombia.

Comunidades indígenas y territorios aislados

La falta de información es todavía más grave en las zonas rurales y en las comunidades indígenas. En estos lugares, la comunicación con el exterior es limitada y el acceso depende muchas veces de ríos, caminos en malas condiciones o medios de transporte que no están disponibles de manera inmediata.

Por eso, en algunos casos no se sabe con precisión qué daños se han producido, cuántas personas han resultado heridas o si existen familias que han perdido completamente sus viviendas y sus medios de vida.

La ausencia de información no significa necesariamente que los daños sean menores. Puede significar, simplemente, que nadie ha conseguido llegar hasta allí o que las comunidades no tienen medios para contar lo que está sucediendo.

Este es uno de los principales riesgos de una emergencia desigual: las zonas que tienen más dificultades para comunicar sus necesidades son también las que corren más riesgo de quedar fuera de la respuesta.

La respuesta desde la sociedad civil

Ante estas dificultades, las redes comunitarias se han convertido en una de las principales formas de apoyo. Desde Medellín, Manuela coordina donaciones con familiares y personas cercanas al territorio. Parte de los recursos procede de Colombia y otra parte de personas que viven en Canadá, Estados Unidos, Italia, Suiza y otros países.

La ayuda se organiza a partir de los contactos existentes en cada municipio. Las personas que viven allí identifican a las familias que necesitan alimentos, productos de higiene, agua u otros bienes básicos. Después, compran lo que está disponible y documentan el proceso mediante fotografías y facturas.

Esta forma de organización permite responder con más rapidez, pero también muestra hasta qué punto la población civil está asumiendo tareas que deberían estar garantizadas por las instituciones públicas.

La solidaridad aparece también en historias individuales. Manuela menciona el caso de una persona en Quibdó que ayudaba a retirar escombros con sus propias manos. Después de rescatar a una persona, intentó salvar a una segunda cuando la estructura se desplomó sobre él y le causó la muerte.

Para Manuela, esta historia representa la fuerza de una comunidad que, incluso en medio de la emergencia, continúa actuando cuando la respuesta institucional no alcanza todos los territorios.

Sin embargo, la solidaridad no puede sustituir indefinidamente la responsabilidad del Estado. Las redes familiares y comunitarias pueden organizar alimentos, recoger donaciones y transmitir información, pero no deberían tener que asumir por sí solas la reconstrucción de viviendas, escuelas, carreteras y servicios básicos.

El terremoto como espejo

El balance nacional más reciente disponible, correspondiente al 12 de agosto, reportaba 239 personas fallecidas, 3.755 heridas y 287 desaparecidas. En el departamento del Chocó, un informe preliminar de la Gobernación con corte del 11 de agosto registraba 14 fallecidos, 138 personas lesionadas y cinco desaparecidas. Las cifras continuaban actualizándose mientras avanzaban las labores de búsqueda y verificación. [1]

La diferencia en el número de víctimas no significa que los daños sean menores en el Chocó. En un territorio con infraestructuras más frágiles y vías de acceso limitadas, la recuperación puede ser más lenta y las necesidades pueden tardar más en ser registradas.

Para Manuela, la emergencia ha vuelto a mostrar una realidad que el Chocó conoce desde hace décadas: el departamento aparece con frecuencia cuando se habla de sus recursos, pero desaparece cuando se trata de garantizar derechos.

El terremoto ha destruido viviendas, interrumpido servicios y afectado escuelas. Pero también ha revelado quién puede recibir ayuda rápidamente y quién debe esperar; quién aparece en las noticias y quién permanece incomunicado; quién puede conectarse a una clase virtual y quién ni siquiera tiene electricidad.

La tragedia no afecta a todas las personas de la misma manera. En un territorio con infraestructuras sólidas, la recuperación puede comenzar poco después del desastre. En el Chocó, donde las carreteras son frágiles, la energía es inestable y muchas comunidades carecen de agua potable, la reconstrucción puede tardar mucho más.

La pregunta, entonces, no es únicamente por qué el Chocó ha sido olvidado durante esta emergencia. También es necesario preguntarse por qué un departamento entero ha podido permanecer durante tanto tiempo al margen de las prioridades del Estado.

El terremoto ha hecho visibles algunas de esas desigualdades. La responsabilidad ahora es no volver a mirar hacia otro lado cuando desaparezca la atención mediática.

Cómo apoyar a las familias afectadas

Manuela y una red de personas vinculadas al territorio están recogiendo donaciones para apoyar a familias afectadas en Istmina, Puerto Meluk y otros municipios del Chocó.

Los recursos se destinan a la compra de alimentos, productos de higiene, agua y otros bienes básicos. Las compras y entregas se están documentando mediante fotografías y facturas, según explica Manuela.

Sigue el cartel de la campaña de apoyo impulsada por Manuela Ramírez para enviar ayudas a familias afectadas en el Chocó.

Manuela Ramírez Ossa
Manuela Ramírez Ossa

[1] Fuente verificada en la página web del periódico El Colombiano. Disponible en: https://www.elcolombiano.com/colombia/cronica-terremoto-colombia-san-jose-del-palmar-victimas-cifras-por-que-ocurrio-GA39820666

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